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rutamudejar
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SIN BRAGAS

  Llegó vestida con una minifalda plisada de color turquesa y una camiseta de Betty Boop. Intenté abrazarla en el aparcamiento del aeropuerto pero ella se apartó con rapidez, incómoda. Mientras metía su bolsa en el maletero, una ráfaga de viento le levantó la falda, y me dio la impresión de que no llevaba bragas. Cuando me senté al volante, se lo pregunté. Ella sacudió la cabeza con una sonrisa, se levantó la falda hasta la cintura y separó un poco las piernas: el vello de su coño formaba un pequeño rectángulo rubio, bien definido.

Se bajó la falda mientras yo arrancaba: me había dejado claro que no llevaba bragas, había conseguido el efecto deseado, con eso bastaba. Al llegar a la residencia, mientras yo sacaba la bolsa del maletero, ella subió los pocos escalones que llevaban a la entrada; cuando vi la parte inferior de su culito me dio un mareo y estuve a punto de eyacular en el pantalón. Fui a su encuentro y la abracé, pegándome a ella.

-Abre la puerta... -dijo, frotando distraídamente las nalgas contra mi polla.

Obedecí, pero en cuanto entramos me pegué otra vez a su cuerpo; ella se arrodilló sobre una alfombrita y puso las manos en el suelo. Me abrí la bragueta y la penetré, pero por desgracia el trayecto en el coche me había excitado tanto que me corrí casi en el acto; ella pareció un poco decepcionada, pero no demasiado. Quiso darse un baño y cambiarse de ropa. Michel Houelebecq "La posibilidad de una isla"


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