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Mientras doblaba sus rodillas sobre el cadáver su intuición policial le hizo dirigir su mirada al hilillo, uhnm esto no parece cera, -pensó, mientras untaba su dedo índice en la sustancia y se lo llevaba a la boca.

 

Dadle un poco de pan al patrullero –bramó el Doctor Gila desde la puerta, se acaba de comer nuestra única prueba. El amigo Castello acaba de averiguar que la interfecta no había comido precisamente paella antes de morir.

Abra la boca patrullero -dijo el forense mientras esgrimía un palito en su mano derecha para tomarle una muestra de la sustancia ingerida. Necesitará un buen trago, Castello.

¿Ha sido violada? –inquirió el patrullero mientras abría la boca.

¿Cómo quieres que te conteste a eso? ¡Si está más abierta que una puerta! –rugió el Doctor Gila.

 

El dictamen forense del Doctor Gila era conciso: golpe con objeto contundente en la base del cráneo, incompatible con la vida. Tetas y labios de silicona. Marcas de joyas arrancadas en cuello, orejas, manos y pies, seguro que el asesino necesitaba pasta. En cuanto a la sustancia blanquecina de la boca no precisaba mayor aclaración forense.

 

De repente el silencio sepulcral se ve interrumpido por una canción: …prende una vela por mí en la ermita del santo… Pronto se descubre el origen, es el politono del móvil de Roser, emitiendo un conocido corrido mexicano. Tras un breve impass, el patrullero reacciona y manda contestar al chico de los recados que está ocupado acariciando entre sus brazos a la perrita faldera de Roser que no para de gruñir al patrullero. Demasiado tarde, dejó de sonar.

¡Chico de los recados! –con voz impostada, quiero que investigues todas las llamadas de ese puto móvil en la última semana, ordenó Castello, ah! ¡Y llévese a esa jodida perra que no hace más que ladrarme!

 

En confianza, -se dirigió Castello al Doctor Gila, creo que se trata de un asesinato ritual con significado satánico. Sospecho de los narcos mexicanos, son muy aficionados a este tipo de supersticiones, quizás esta puta se pasó de lista y se la cargaron, los mejicanos son muy pasionales.

No se preocupe patrullero –contestó Gila, la perrita no le ladra gratuitamente, seguro que el propietario del semen que ha chupado ha sido el asesino de su dueña, la perrita no se puede equivocar, lo huele. Un simple análisis del ADN nos llevará al último cliente de Roser. Pero por Diós, ¡vaya a lavarse la boca!.

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