Un príncipe prudente no puede ni debe mantener fidelidad en las promesas, cuando tal fidelidad redunda en perjuicio propio, y cuando las razones que la hicieron prometer ya no existen. Cambie el lector la palabra príncipe por persona y obtendrá un bonito ejemplo práctico.

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Millán Astray

Cambie el lector la palabra príncipe por político y las razones por promesas electorales y obtendrá la mierda de democracia que tenemos.

Fecha: 06/06/2007 00:33.


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