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CYBERPUNK

-Estás perdiendo el tiempo, vaquero -le dijo Molly, cuando Case sacó un octógono del bolsillo.

-¿Y eso? ¿Quieres una? -Le ofreció la pastilla.

-Tu nuevo páncreas, Case, y esos enchufes en el hígado. Armitage hizo que los preparasen para que no filtraran esa mierda. -Tocó el octógono con una uña roja. Eres bioquímicamente incapaz de despegar con anfetaminas o cocaína.

-Mierda -dijo él. Miró el octógono, y luego a Molly.

-Cómetela. Cómete una docena. No pasará nada.

Así lo hizo. Así fue.

(...)

Armitage cruzó la habitación y se detuvo frente a Case.

-Eres un tío afortunado, Case. Tendrías que darme las gracias.

-¿De veras? -Case sopló su café ruidosamente.

-Necesitabas un páncreas nuevo. El que te compramos te libra de una peligrosa dependencia.

-Gracias, pero me gustaba aquella dependencia.

-Muy bien, porque ahora tienes una nueva.

-¿Cómo es eso? -Case levantó la vista. Armitage sonreía.

-Tienes quince saquitos de toxina sujetos a las paredes de varias arterias mayores, Case. Se están disolviendo. Muy despacio, pero disolviéndose sin lugar a dudas. Cada uno contiene una micotoxina. Ya estás familiarizado con el efecto de esa micotoxina. Es la misma que tus jefes anteriores te dieron en Memphis.

Case parpadeó, mirando a la máscara sonriente.

-Tienes tiempo para hacer lo que te pediré, Case, pero nada más. Haz el trabajo y podré inyectarte una enzima que soltará los saquitos sin abrirlos. Luego necesitarás un cambio de sangre. Si no, los sacos se disuelven y tú vuelves a ser lo que eras. Así que ya lo sabes, Case, nos necesitas. Nos necesitas tanto como cuando te recogimos de la alcantarilla.

Neuromante. William Gibson (1984)


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