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Me desperté a la hora de comer con una resaca terrible. Había que bajar a comer algo, por el pasillo me crucé con la limpiadora de la planta, una mujer rubia de unos cincuenta años que en su momento debió de estar de bastante buen ver.

Buenos días.

Buenos días contestó con una mirada lasciva.

Debía de tener fiebre porque sufrí una inmediata erección, debí haberme aliviado en el doble hache.

Cuando entro en el comedor me doy de bruces con mi casero el sr. Obispo Damián Soldevila (en su honor se erigió una estatua con báculo fálico, ver foto). Es el clásico Obispo del Opus Dei, nacido en Santiago de Cuba hijo de diplomático franquista, se formó en el Seminario de Nürenberg donde coincidió con el Cardenal Mazinger, un duro entre los duros, contrario a cualquier reforma. Me sentía intimidado con la sola presencia de su hipócrita sonrisa….

Siéntese por favor, ¿es usted el nuevo huésped?

Sí señor llevo aquí unos días, la comida parece excelente… (como soy ateo tengo licencia para mentir sin miedo a las represalias).

¿Cuál es el motivo de su estancia entre nosotros? si no es indiscreción.

Soy escritor y estoy documentándome para novelar la desaparición de Dolores Gabarre. ¿La conocía?.

Conozco el caso por la prensa, no tengo una opinión formada, pero por lo visto ha sido una fuga voluntaria.

Por favor dos manzanillas bautizadas (con anís), ordenó el Obispo.

Y dígame ¿ha averiguado usted algo nuevo?

Algo me decía que el obispo estaba interesado en el caso, le contesté con otra pregunta. ¿Está seguro usted de que no la conocía?

Su faz cambió, no sólo por la prensa, ya se lo he dicho (visiblemente nervioso), pero sí que conocía a Fermín Muguruza.

¿Fermín?

Sí estuvo aquí hospedado una temporada hasta que encontró casa nueva. Su mujer se fue de vacaciones a Cuba.

Ah! No lo sabía, pobre hombre. Hoy en día las mujeres no son inteligentes, te dejan por cualquier mono que las chingue bien.

Sí dijo el Obispo algo achispado por la manzanilla, hoy en día amar a una mujer inteligente es placer de pederasta.

Perdone ¿Hace usted proselitismo?

Un silencio sepulcral me dio a entender que me había ganado un enemigo mortal.

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