Decidí preguntar a la fuente sumarial. El juez, Don Policarpo Galán, barón de Zuera, era un hombre de exquisita educación y sanas costumbres de abstinencia total ante cualquier vicio conocido y por conocer, nunca faltaba a su visita semanal a la casa del cura, don Celedonio Casado (cura católico de apellido anglicano), destinado en Misiones en un país del África occidental llamado Gabón, al que le guardaba la casa una chica de nombre Pilar muy devota de la Virgen del ídem, por lo que decidí abordarle a su entrada en el portal. Visiblemente azorado por mi presencia me indicó que me atendería gustosamente al acabar sus ejercicios espirituales, sólo tardo una hora -me dijo, espéreme en la terraza del bar Amigo.

Mientras tomaba la cerveza repasaba mentalmente los mil seiscientos folios del sumario. En esto que vino don Policarpo a rescatarme de mis ensoñaciones, buenas tardes caballero –me dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

Estos ejercicios espirituales le cambian la faz –le dije.

Ah!! Las visitas a la casa de Dios me relajan tanto como un chapuzón nocturno en la piscina parroquial. Soy un hombre de abstinencias y necesito calmar mi espíritu mortificado por la falta de vicios.

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