Cuentan las crónicas de El Caso que no hace muchos años en la lúgubre ciudad de Teruel se produjo un misterioso acontecimiento todavía hoy no aclarado. Dolores Gabarre, metro cincuenta y con el centro de gravedad muy bajo debido al exceso de arrobas, gran aficionada al cante jondo y a trasegar wiskhy DYC (5 meses) desapareció misteriosamente sin dejar rastro un domingo de mayo a las cinco y media de la mañana, nunca nadie volvería a verla. Sus primos la buscaron incansablemente, las fregonetas no pararon en toda la semana, recorrieron caminos, carreteras y callejones, la buscaron en todos los rastros y chatarrerías del país, rastrearon palmo a palmo Pomecia, La Magdalena y Corea, incluso sus primos de Barcelona, ante la sorpresa de la indignada familia, probaron fortuna preguntando en los puticlubs de la calle Pignatelli de Zaragoza.

Al principio, los inspectores policiales sospecharon de..... (continuará)


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