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MADURAS

Paco López también rodó las primeras películas españolas con mujeres maduras y con ancianas, todo un subgénero del porno que, en algunos países del norte europeo, se vende como rosquillas. A partir de 1998 le pasó el testigo a Narcís Bosch, que rodó para él Mujer Madura la busca dura. En esta producción, Nacho y Max Cortés se enfrentan a un nutrido grupo de señoras entradas en años. Fue un trabajo duro. En una de las escenas más sórdidas el actor trajina con tres cincuentonas que según él no estaban nada mal.

-Después de hacer el amor con cientos de tías buenas, ¿cómo le voy a hacer ascos a una madurita interesante? A quienes les guste el sexo de verdad no les pasará por alto que, cuanto más madura, más placer sabe dar y recibir una mujer.

Como si fueran las gorgonas de la mitología griega, las tres señoras le acorralan, montan y exprimen, haciéndole sudar como un cerdo durante los treinta minutos de celuloide que dura el encuentro. No es que se llegara a quedar petrificado, pero sí deshidratado. Mucho más complicado y desagradable fue el rodaje de la segunda parte de esta serie, también en 1998. Higos maduros, nabos duros es una cinta extrema con actrices de la tercera edad en la que Nacho y Max se las tuvieron que ver, entre otras, con una anciana de más de setenta años. Según Max, cada vez que conseguía ponérsela dura tras un decorado a base de masturbarse con una revista porno se acercaba a la mujer e inmediatamente perdía la erección. (...) Nacho aún lo pasó peor. Continuó la escena hasta el final, queriendo demostrar a todos su gran profesionalidad, pero una experiencia como esa desorienta incluso al más aguerrido de los sementales del porno.

-La vieja olía fatal. Le pedí que se fuera a lavar tres veces pero el olor seguía allí. Al final pedí un pañuelo, lo llené de colonia y no me lo separé de la nariz en toda la escena. El cámara, el director... todo el mundo se tapaba. Como no podía follar y mantener el pañuelo todo el rato en la cara al final decidí proseguir aguantando la respiración. Cogía aire, le daba cuatro golpes de cadera y respiraba. Hubo un momento en que no pude continuar. Me fui a hablar con Paco y le dije: "esto es una locura. No puedo más. Es asqueroso".

El rodaje todavía se alargó unos minutos. Los justos para que el actor, con su coraza emocional traspasada por la violencia de la escena, saliera corriendo en busca del lavabo. Antes de llegar no pudo reprimir las arcadas y vomitó en una esquina. Sería la última vez que participara en un trabajo como ése.

Nacho Vidal, Confesiones de una estrella del porno, de David Barba

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