NO SE JUEGA CON LA COMIDA

Publicado: 18/03/2009 12:56 por rutamudejar en ECONOMIA RUTERA
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Continuamos con la serie de artículos "salvemos el culo"

Prohibición de los mercados de futuros sobre alimentos

Seguramente en alguna ocasión habréis ojeado las páginas económicas de la prensa y os habrá llamado la atención la cotización de productos como el maíz o el bacon en la bolsa de Chicago. No va de coña, son las llamadas commodities (mercancías) que cotizan en los mercados de futuros y determinan el precio de las mismas. Esto sólo sería un estúpido juego para ricos si no fuera porque determina el precio que tendrán que pagar las familias por alimentos básicos.

Los futuros suelen ser sobre productos energéticos como el petróleo, sobre minerales, sobre cereales especialmente el maíz y la soja, o directamente sobre alimentos como el cacao o el café, pero también sobre el bacon o el zumo de naranja o la carne de vacuno.

El primer problema se plantea porque muchos de estos productos cotizados son directamente alimentos o son productos con los que se hacen alimentos básicos en la dieta de familias pobres, como el pan o las tortitas de maíz. Son los llamados bienes Giffen, cuando estos bienes suben de precio la gente pobre tiene que aumentar su consumo y por tanto disminuye su renta disponible para comprar otros productos, afectando gravemente a un nivel de vida ya de por sí bajo. Os pongo un ejemplo: Imaginaros un campesino pobre de Centroamérica en cuya dieta las tortitas de maíz representan el 70%. Imaginaros a vosotros mismos que desayunáis cereales por la mañana o coméis con pan. Imaginaros que en los mercados de futuros se eleva el precio de los cereales porque los especuladores prevén una mayor demanda para fabricar biocombustibles y alimentar al ganado vacuno para fabricar las hamburguesas del primer mundo. Si suben los cereales del desayuno, nosotros podemos o asumir el nuevo coste o sustituir los cereales por fruta o echar menos en el bol o comprar una barra más pequeña. Si sube el maíz, el campesino no puede sustituir sus tortitas por carne (sigue siendo un lujo para él y el maíz, aunque más caro sigue siendo lo más barato), tiene que pagar el nuevo precio y además disminuir su consumo de frijoles o de transporte o de lo que sea (de algún sitio tiene que ahorrar lo que tiene que pagar de más).

Los contratos de futuros son meras apuestas sobre estas mercancías, ni siquiera existe físicamente la misma, se liquidan por diferencias. Son  auténticas apuestas sobre precios, no es ético especular sobre alimentos básicos en la dieta de millones de personas subiendo o bajando artificialmente los precios en función de intereses meramente financieros.

El segundo problema se plantea con países pobres cuya principal producción es de carácter agrícola. Los especuladores manipulan los mercados de origen mediante el acaparamiento de productos agrícolas, hundiendo los precios en perjuicio del que trabaja la tierra (casos del aceite, el azúcar o la leche) y de los países pobres que dependen de ingresar divisas de la venta del cacao, el café o el banano y que se ven afectados por las fuertes fluctuaciones de estos mercados, en función de los intereses de las grandes multinacionales que actúan como auténticos monopolios, me vendes a mí y al precio que yo quiero

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