No estoy seguro de haber escrito bien la frase, el latín nunca fue mi asignatura favorita y la memoria me empieza a traicionar de vez en cuando, pero de lo que sí estoy seguro es de su traducción, la estupidez de los hijos es el dolor de los padres. Tuve la desgracia de ser alumno de las Escuelas Pías. Cada día, tres veces por día, formábamos en fila de a uno, perfectamente alineados, en la rotonda porticada antes de subir a clase por una majestuosa escalinata de mármol con pasamanos de roble macizo, siempre brillante (estaba prohibido tocarlo, bajo apercibimiento de bofetón). En la formación era preciso mantenerse en silencio y con la mirada al frente, sin mover un solo pelo, eso sólo si querías mantener la cara incólume, por supuesto. En la parte superior de la rotonda había un corredor mirador donde se apostaban varios curas para controlarnos durante el recreo y la formación. Recuerdo muy bien aquella rotonda, las columnas eran enormes y el techo estaba acristalado para dejar pasar la luz. En la balconada, alrededor de toda la rotonda, había un montón de inscripciones latinas, sólo me acuerdo de una, la memoricé sin querer, puesto que cuando estaba en formación la tenía siempre enfrente, justo encima de la escalinata: stultitia filium dolor patris.

Ya os estaréis preguntando a cuento de qué os largo esta batallita de yayo, pues bien viene a cuento de la educación que recibimos los hijos del tardofranquismo y de Miliqui, la generación de los payasos de la tele y de los polos de desarrollo. Nacidos en general en los cinturones industriales o en los grandes pueblos que concentraban la industria y el comercio, hijos de la emigración en busca de un futuro mejor, de la despoblación de los pequeños pueblos en favor del crecimiento industrial o de los pantanos. Nuestros padres abandonaron sus pueblos huyendo del trabajo duro y con poco rédito de la agricultura y la ganadería, que muchos ya habían conocido en su adolescencia (incluso algunos en su infancia) y aprovechaban el servicio militar para salir pitando, para no volver atrás. Desarraigados de sus pueblos se encontraron con hijos que tenían que educar en un nuevo medio desconocido para ellos, en ciudades donde todavía estaba casi todo por hacer. Nos llamaban hijos de la desesperación.

Todo sacrificio siempre les pareció poco, nos educaron como supieron (nadie les había enseñado), fuimos criados en la ética del esfuerzo. Si te esfuerzas lo conseguirás, si ahorras tendrás, si estudias serás, esas eran las consignas. La gran frustración de la mayoría de nuestros padres era el no haber podido estudiar, hijos de familias numerosas sus padres no pudieron darles estudios, los necesitaban para cuidar el ganado o ayudar en las faenas de la casa. Nuestras madres fueron educadas para servir en las casas de los ricos. Tuvieron suerte, la mayoría emigraron a las grandes poblaciones más cercanas, podían regresar de vez en cuando y el desarraigo no fue total. Pasábamos las vacaciones en el pueblo con los yayos. Pronto, los hijos de aquellos nuevos proletarios crecieron, se criaron en un ambiente represivo en colegios religiosos, pasamos por la Universidad, pensábamos que nos íbamos a comer el mundo. Era normal, nos habíamos esforzado y teníamos que recibir nuestro premio. De repente nos vimos en la cola del paro. Vimos que lo que molaba era ser un yuppie especulador, el modelo era Mario Conde. Todo lo que nos habían enseñado era mentira. Nos llamaban hijos del agobio.

A veces pienso si aquellos esfuerzos, si aquellas privaciones sirvieron de algo. El país se modernizó, somos testigos de ello, hemos conocido tiempos mucho peores, nuestra generación sólo ha visto mejoras.

Mientras, los setenta eran diferentes en USA, magníficamente retratados por Jeffrey Eugenides en su novela LAS VÍRGENES SUICIDAS, recreada por Sofía Coppola en una película inmortal. Parece increíble poder ambientar una novela tan intimista. Actores, música, imágenes nos ayudan a comprender…. En los setenta las diferencias económicas y sociales entre España y USA eran abismales, pero teníamos algo en común con las hermanas Lisbon… ese padre ausente y esa madre castrante fruto del sentido insano de culpabilidad tan arraigado en la tradición católica.

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Rutero

La canción que ilustra el video es Creep (Raro) de Radiohead. Es una canción que ilustra muy bien los conflictos internos que llevan a la huida. Siempre que escucho esta canción me acuerdo del desaparecido Fernando Martín, me acuerdo de él porque le hicieron un reportaje en TV cuando estaba en Portland y eligió el personalmente esta canción para ilustrar las imágenes, bajo esa apariencia de tipo chulesco había un ser humano. Aquí va la letra y a continuación su traducción:
When you were here before
couldn't look you in the eye
you're just like an angel
your skin makes me cry
you float like a feather
in a beautiful world
i wish i was special
you're so fuckin' special
but i'm a creep, i'm a weirdo.
what the hell am i doing here?
i don't belong here.
I don't care if it hurts
i want to have control
i want a perfect body
i want a perfect soul
i want you to notice
when i'm not around
you're so fuckin' special
i wish i was special
But i'm a creep, i'm a weirdo.
what the hell am i doing here?
i don't belong here.
She's running out again,
she's running out
she's run run run running out...
Whatever makes you happy
whatever you want
you're so fuckin' special
i wish i was special...
But i'm a creep, i'm a weirdo,
what the hell am i doing here?
i don't belong here.
i don't belong here.

Raro

Cuando tu estabas aqui antes
No pude mirarte a los ojos
Eres como un ángel
Tu piel me hace llorar
Flotas como una pluma
En un mundo hermoso
Desearia ser especial
Tu eres tan especial
Pero soy extraño
soy raro
que demonios hago aqui?
yo no pertenezco aqui.

No me importa si duele
yo quiero tener el control
quiero un cuerpo perfecto
quiero un alma perfecta
quiero que te des cuenta
cuando yo no este por aqui
eres tan especial
desearia ser especial

Pero soy extraño
soy raro
que demonios hago aqui?
yo no pertenezco aqui

Ella corre de nuevo
ella sale corriendo
ella corre, corre, corre, corre
corre

Cualquier cosa que te haga feliz
Cualquier cosa que desees
Eres tan especial
Desearia ser especial
Pero soy extraño
Soy raro
Que demonios hago aqui?
Yo no pertenezco aqui
Yo no pertenezco aqui

Fecha: 04/01/2008 10:14.


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"Dolor patris filius stultus" (Proverbios, 19,13). El hijo estúpido es el dolor del padre. Y continúa el libro sapiencial (esto no salía en las láureas de la rotonda: "Querellas de mujer son gotera continua".

Fecha: 04/01/2008 12:56.


Rutero

Te voy a hacer un encargo querido Gecé, tú a quien todavía te está permitido entrar en los antros del Señor: irás a la rotonda y me harás un reportaje fotográfico completo, tengo necesidad de ilustrar mis recuerdos.

Fecha: 04/01/2008 13:19.


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Yo también fui alumno de esta congregación en los mismos tiempos de Rutero y más años que él. Y no formábamos ni nada por el estilo, éramos todo chicos, sólo veíamos a dos hermanas adolescentes que vivían en una casa próxima cuando salíamos de clase e íbamos andando a casa por un camino asfaltado con pellejos de gatos y en el que aún se veían los raíles del tranvía.
De ahí proviene tal vez el ver a las mujeres como seres especiales (que cada uno entienda lo que quiera por seres especiales), pero no creo que mi educación religiosa haya infligido lesiones irreversibles en mi personalidad. Ni mucho menos. Aunque sin esta educación no sería capaz de explicarme. En la educación te ofrecen herramientas, y luego tú decides si forman o no parte de tu equipaje. Lo mismo la religión que las matemáticas. Claro que me llevé bofetadas, pero casi siempre fueron merecidas y no me traumatizaron. Mi generación era de las que recibía una bofetada en clase, lo decía en casa, recibía otra bofetada allí y luego los padres preguntaban qué habías hecho. Entre esto y los pedabobos actuales debe existir otra vez una infinita gama de grises.
Por lo demás yo no tengo sensación de ser hijo de la desesperación y eso que mis padres fueron por dos veces inmigrantes. ¿Es malo educarse en la ética del esfuerzo? El Sr. Administrador habla muchas veces de conquista, y ¿qué es la conquista sino el éxito del esfuerzo? Mo, no fuimos hijos del agobio ni de la desesperación, esa fue tal vez la que vivieron nuestros padres y procuraron preservarnos de ambos.
Finalmente, educar a un hijo es algo que ni antes ni ahora (bueno, ahora hay libros de autoayuda y demás) te enseñan. Es como las clases de sexualidad que nos daban en la preadolescencia, cuando ya la gente andaba masturbándose y alguno hasta ya había hecho el amor. Esto del sexo es un viaje, un descubrimiento a un país del que te pueden contar algo, pero que siempre tendrás que descubrir por ti mismo y recorrer sin ayuda. En fin, y el sexo es un componente del amor, cosa que tampoco nos enseñan sino que vamos descubriendo día a día, en sus caras luminosas y oscuras.

Fecha: 06/01/2008 19:40.


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Finalmente, acabo ya, el sentido de culpabilidad arraigado en la cultura católica del que habla el Sr. Administrador es también sólo una cara de la misma moneda en la que también están el perdón y la conversión (o la mejora continua en términos más actuales). Esta noción del perdón es a menudo olvidada y creo que es lo que hace a Rutero hablar del sentido insano de culpabilidad.

Fecha: 06/01/2008 19:47.


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